En un país tan diverso como el nuestro, la espiritualidad juega un papel fundamental en los hospitales, las cárceles y los colegios. Por eso, lo ocurrido esta semana en Bogotá marca un antes y un después: el Ministerio del Interior, logró reunir en una misma mesa a capellanes de distintas confesiones religiosas en el primer encuentro oficial del Sistema Nacional de Libertad Religiosa (SINALIBREC).
“Gracias al Ministerio del Interior por esta primera reunión oficial de capellanes de diversas confesiones”.
Luis Manios, de Capellanes Misioneros Internacionales
Puertas abiertas a la libertad de cultos
Históricamente, los capellanes —quienes brindan consuelo y guía espiritual en los momentos más críticos de la vida— habían trabajado de forma aislada. Bajo la premisa de que “gobernar es escuchar”, la Dirección de Asuntos Religiosos abrió un espacio institucional para que estos líderes compartan experiencias y unifiquen esfuerzos.
“Es la primera reunión oficial de capellanes en la historia de Colombia”, aseguró Víctor Avellaneda, uno de los asistentes, resaltando que este encuentro no solo dignifica su labor, sino que garantiza el derecho constitucional a la libertad de cultos.
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Acompañamiento donde más se necesita
La gestión del ministro Benedetti busca que el Estado sea un aliado de quienes están en la “primera línea” del apoyo emocional y espiritual. El objetivo de este sistema es claro:
- Fortalecer la convivencia: Crear puentes entre diferentes religiones para reducir la discriminación.
- Apoyo integral: Mejorar la articulación entre el Gobierno y quienes asisten a comunidades en centros penitenciarios y centros de salud.
- Construcción de paz: Convertir a los líderes religiosos en gestores de reconciliación en los territorios.
Un sistema transparente e incluyente
Con la firma del decreto que le dio vida al SINALIBREC, Colombia avanza hacia un modelo donde todas las voces tienen cabida. Richard Gamboa, director de Asuntos Religiosos, subrayó que este es un “gobierno de puertas abiertas”, comprometido con que la fe y la espiritualidad sean motores de transformación social y no causas de división.
Este encuentro histórico deja un camino trazado de cooperación y respeto, demostrando que, más allá de las creencias individuales, el bienestar y la paz de los colombianos es un objetivo común que nos une a todos.


